sábado, 16 de mayo de 2009

Teoría del etiquetado


Teoría del Etiquetado

De más está decir que la “teoría del etiquetado” es una “práctica consustancial a la escuela”[1]. Esta teoría es denominada, también, como la profecía que se cumple a sí misma y no es otra cosa que lainfluencia que ejercen las expectativas de la sociedad (al menos de aquellos que poseen autoridad) sobre los demás. En la escuela se manifestaría de la siguiente manera: el profesor se crea ciertas expectativas sobre los distintos alumnos y actúa en el aula según esas expectativas, resultado todo se realiza como el profesor lo había supuesto en un principio. Más adelante analizaremos la verdad o falsedad de esta teoría.
De todas maneras, vale adelantar que esta teoría ha causado un caos conceptual y metodológico y lo que se propone Rist es “demostrar que se está desarrollando una perspectiva teórica dentro de las ciencias sociales para acabar con él”[2].
En la teoría del etiquetado se le da poca importancia a los motivos y características del individuo que comete un acto (desviado). De esta manera, la desviación es resultado de definiciones y reacciones de un grupo, en definitiva, es un juicio social. El resultado de esta etiqueta es un empecinamiento en la desviación debido al estigma de la misma. De esta manera, se puede concluir que “las reacciones sociales a la desviación fomentan conductas desviadas[3]. Esta paradoja de generar el comportamiento que se quiere suprimir ha sido descrita por Tannenbaum y Schur[4].
Veamos, ahora, la teoría del etiquetado en el ámbito escolar propiamente dicho.
Lo primero que hay que observar es que es el docente quien impone la etiqueta. El profesor posee dos fuentes de información que colaboran a la hora de imponer una determinada etiqueta, la que se obtiene “cara a cara” en el ejercicio de su profesión (denominada de primera mano) y la obtenida de segunda mano (un ejemplo son los comentarios que realizan los demás docentes sobre determinado sujeto). Por otra parte, según Rist, Jonson a sugerido dos determinantes en la evaluación del profesor, a saber:
· El rendimiento anterior del estudiante
· Las características de estatus social y rendimiento actual del estudiante[5].

Con todo, hay otras características que ayudan a la elaboración de la etiqueta como el sexo o la raza, el cuidado personal, las actividades de la familia, etc. Un ejemplo que nombra Rist sobre las expectativas de los docentes sobre los alumnos es que los mismos esperan menos de los niños de clase baja que los de clase media o que los docentes, en los cursos elementales, esperan más de las niñas que de los niños.
Los diferentes estudios muestran que los cuando los docentes se generan expectativas sobre los alumnos éstas no son solo del orden del rendimiento académico o cognitivo, sino que también están influidos por otras características dentro del aula y por los rasgos interpersonales.
De todas maneras, Merton observa que “la profecía que se cumple a sí misma es, en principio, una falsa definición de la situación que evoca un nuevo comportamiento que convierte en verdadera la idea que originalmente era falsa[6]. Aquí hay que recordar que “la desviación no es inherente a un comportamiento per se[7], de esta manera desviado es aquella persona a la que el público social ha colocado esa etiqueta con éxito. De esta manera vemos que “sólo los seleccionados serán consecuentemente etiquetados”[8].
Así vislumbramos el punto crucial de esta teoría. Si se le coloca una etiqueta a alguien, esto hace que ese alguien se convierta en lo que la etiqueta dice que es (es como un “yo te lo dije”).
Si bien las primeras impresiones influyen en el comportamiento posterior es bueno aclarar que “las expectativas de los docentes algunas veces se cumplen en sí mismas”. Hay que tener en cuenta que hablamos de una relación que supone dos polos, el docente y el alumno y, como lo expresa Ray, “la definición institucional de la persona ni se concluye ni se solidifica hasta que finaliza la negociación”[9] entre ambas partes. Si se tiene en cuenta el proceso que tiene lugar en el aula:
1- El profesor espera un comportamiento y rendimiento específicos de los estudiantes concretos.
2- Debido a estas expectativas diferentes, el profesor tiene un comportamiento distinto con cada uno de los estudiantes.
3- Este tratamiento indica a cada estudiante el comportamiento y rendimiento que el profesor espera de él, y afecta al concepto de sí mismo, a la motivación para el rendimiento y al nivel de aspiraciones.
4- Si este tratamiento del profesor se mantiene con el tiempo, y si el estudiante no se resiste activamente o lo modifica de alguna manera, tenderá a dar forma a sus logros y actitud. Los estudiantes de altas expectativas se verán llevados a conseguir un nivel alto, mientras que disminuirán los logros de los estudiantes de bajas expectativas.
5- Con el tiempo, el rendimiento y actitud del estudiante se acercará más y más a lo que se esperaba de él[10].
Es en el cuarto punto donde se produce el cumplimiento efectivo o no de la profecía.
De todas maneras, vale aclarar, que existe una lucha desigual entre el niño y el docente hay una desigualdad en cuanto a la heteronimia que existe en el infante que con frecuencia gana el más fuerte (o sea, el docente) y si el niño se rebelase lo definirían como obstinación, hostilidad, etc. y de esta manera comienza a repetirse el proceso del cual es muy difícil salir: el de las etiquetas.


[1] RIST, RAY. “Sobre la comprensión del proceso de escolarización: aportes de la teoría del etiquetado” en: “SOCIOLOGÍA DE LA EDUCACIÓN”. ENGUITA, MARIANO(ed.). Ariel. Barcelona, 1999 [Material entregado por la UVQ]. p. 9.
[2] Idem.
[3] Ibidem. p. 11.
[4] Idem.
[5] Cf. RIST, RAY. Op. Cit. p . 12.
[6] MERTON, R. K. en : RIST, RAY. Op. Cit. p. 14.
[7] RIST, RAY. Op. Cit. p. 14.
[8] Idem.
[9] Ibidem. p. 16.
[10] Idem.

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